Carta a Luis Bautista

En nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera, Dios delante sobre todas las cosas del mundo. Dios os salve, hermano mío en Jesucristo e hijo mío muy amado, Luis Bautista.

Una carta vuestra recibí, que me enviaste de Jaén, de lo cual hube mucho placer y me holgué mucho con ella, aunque del dolor que habéis tenido de vuestras muelas me ha pesado, porque de todo vuestro mal me pesa y de vuestro bien me place. Me envías a decir que no hallaste ahí ningún recaudo para lo que ibais a buscar.

Por otro cabo me decís que queréis ir a Valencia, no sé dónde. Yo no sé cosa que os diga. Es tanto de rebato esta carta para que luego os envíe, dándome tanta prisa que casi no tengo lugar de encomendarlo a Dios, que es menester encomendarlo mucho a nuestro Señor Jesucristo y de más espacio que estoy yo. Y viendo como vos sois tan flaco muchas veces, ende más con esto de las mujeres, que no sé yo qué os diga para traeros acá porque Pedro no es ido ni sé cuándo se irá, mas él dice que se quiere ir, mas yo no sé de cierto cuándo será su ida.

Si yo supiese de cierto que acá aprovecharíais para vuestra alma y para la de todos, luego os mandaría que os vinieseis, mas he miedo no sea otra cosa; mas paréceme que sería mejor correr ahora la crujía algunos días, hasta que viniéseis muy bien hecho, sujeto a trabajos y días de muy mucha mala ventura y de mucho bien a vueltas, mas por otro cabo me parece que si os habéis de ir a perder, que sería muy mejor volveros, mas en esto Dios sabe lo mejor y la verdad.

Por eso me parece que será mejor que antes que de ahí os mudéis, de esa ciudad, que lo encomendéis mucho a nuestro Señor Jesucristo y yo también que haga acá lo mismo y para eso que me escribáis muy a menudo; y os informareis ahí de los peregrinos que pasan para un cabo y para otro. Ahí os dirán qué tal está esa tierra de Valencia. Si fuéreis a Valencia, veréis el cuerpo santo de san Vicente Ferrer, pues que me parece que andáis como barca sin remo, pues a mí, muchas veces, me hacen dudar, como hombre sin tiento, pues estamos ambos a dos que no sabemos cosa que hacernos vos ni yo; pues Dios es el sabedor y el remediador, Él nos dé remedio a todos y consejo. Pues a mí me parece que andáis como piedra movediza, bueno será que vais un poco a rasgar vuestras carnes y pasar mala vida, hambre y sed, y deshonras y cansancios y angustias y trabajos y enojos. Esto todo ha de ser por Dios pasado, que si acá venís, habéis de pasar todo esto por amor de Dios.

Y por todo habéis de dar muchas gracias a Dios, por el bien y por el mal. Acordaos de nuestro Señor Jesucristo y de su bendita Pasión, que volvía por el mal que le hacían, bien. Así habéis de vos hacer, hijo mío Bautista, que cuando vengáis a la casa de Dios, que sepáis conocer el mal y el bien; mas si vos de todo en todos supieseis que con esa ida os habíais de perder, más valdría volver aquí o a Sevilla, donde nuestro Señor Jesucristo más os guiase; mas si acá venís, habéis de obedecer mucho y trabajar mucho más que habéis trabajado y todo en cosas de Dios. Desvelaros en curar los pobres: la posada está abierta para vos. Querríaos ver venir de bien en mejor, como a hijo y hermano.

En esta carta no me tomareis tiento, por que estoy muy deprisa y no os puedo escribir cosa larga, porque no sé si el Señor será servido que volváis a esta casa tan aína ni sé si quiere que padezcáis por allá; mas acorda que si venís, que habéis de venir de hecho y os habéis de guardar mucho de las mujeres, como del diablo. Ya se va allegando el tiempo que habéis de tomar estado. Si habéis de venir acá, habéis de hacer algún fruto a Dios y habéis de dejar el cuero y las correas. Acordaos de san Bartolomé, que lo desollaron y llevó el pellejo a cuestas, que, si acá venís, no habéis de venir sino para trabajar y no holgar, que al hijo más querido se le dan mayores trabajos.

De la venida de acá haced lo que mejor os pareciere y Dios os diere a entender. Si os parece de correr ahora el mundo y buscar alguna ventura, donde Dios mejor se sirva, haced todo como quisiere y fuese servido, como aquellos que van a las Indias a su ventura. Haced de manera que siempre me escribáis donde quiera que estuviereis. Todos los días de este mundo ved a Dios, ved misa entera siempre, confesaos a menudo, si posible fuere; no durmáis en pecado mortal ninguna noche; amad a nuestro Señor Jesucristo sobre todas las cosas del mundo, que por mucho que vos le améis, mucho más os ama Él. Tened siempre caridad, que donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está. En pudiendo iré a dar vuestras encomiendas a Lebrija.

Vuestra carta ya la di a Bautista en la cárcel; se holgó mucho con ella, y le dije que escribiese luego para enviaros la carta. Ahora quiero ir a ver si ha escrito para enviárosla. A todos tened por encomendados; a todos di vuestras encomiendas, a grandes y a chicos, y a la Ortiza, y a Miguel; y dice Pedro que si venís, que estaréis allí con él hasta que se vaya; y si viniere lo mismo. Aquí no hay más que deciros, sino que Dios os salve y os guarde y os encamine en su santo servicio a vos y a todo el mundo. Ceso y no de rogar a Dios por vos y por todos. Seos decir que me ha ido muy bien con el Rosario, que espero en Dios rezarlo cuantas veces pudiere y Dios quisiere.

Ya os tengo dicho que si viereis que os habéis de perder en esta ida, haced lo que mejor viereis. Primero que os mudéis de esa ciudad, decid algunas misas al Espíritu Santo y a los Reyes, si tuviereis con qué, y si no la voluntad buena basta; si esto no bastare, baste la gracia de Dios. El menor hermano de todos, Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando, esclavo de nuestro Señor Jesucristo, deseoso de servirle, amén Jesús. Aunque no soy tan buen esclavo como otros que muchas veces doy en zaíno, muchas veces le soy traidor, aunque me pesa harto de ello aunque mucho más me había de pesar. Dios me quiera perdonar a mí, y a todo el mundo Dios quiera salvar.

Escribidme todo lo que pasa por allá. Una carta os envío aquí cerrada, que me enviaron que os la diese; yo no la quise abrir por seros leal, ni sé si viene a vos, ni a Bautista el de la cárcel; si viniere para el de la cárcel, leedla y enviádmela para que se la dé; y si Bautista hubiere escrito su carta, irá con estas dos. Ahora queda con Dios y anda con Dios.